La Universidad de Salamanca

La Universidad de Salamanca

En el año 1218, el rey Alfonso IX de León funda la Universidad de Salamanca, la más antigua de las universidades hispanas existentes. Entre la legislación fundacional de la Universidad salmantina destacan la carta otorgada por el rey Alfonso X, con fecha de 8 de mayo de 1254, por la que se establecen las normativas de organización y dotaciones financieras; y las bulas pontificas de Alejandro IV, expedidas en el año 1255, por las que se confirma la fundación universitaria, se reconoce la validez universal de los grados por ella otorgados y se le concede el privilegio de tener sello propio.

Lucas de tuy, Chronicon mundi (c. 1237). Primera mención de la creación de Escuelas en Salamanca por el rey Alfonso IX

La regulación de los estudios y vida académica fue obra del Papado en los siglos medievales (constituciones de 1411, de Benedicto XIII; y de 1422, de Martín V), y del Monarca y su Consejo, a través de la figura de los visitadores, a partir del siglo XVI: estatutos de 1538, 1551, 1561, 1594, 1604 y 1618. Las normativas universitarias consagran ciertos libros, autores y materias, que tendrán vigencia hasta las reformas ilustradas: derecho romano o justinianeo en Leyes; decretales pontificias en Cánones; teología metafísica de escuelas, en Teología; Galeno e Hipócrates en Medicina; la filosofía de Aristóteles en Artes-Filosofía; Euclides y Ptolomeo en Astrología/Matemáticas, y los clásicos latinos y griegos.

La Universidad de Salamanca se incorporaría, en el tránsito de los siglos XV y XVI a las nuevas corrientes humanistas, de las que el magisterio de Nebrija es un buen ejemplo. Además, abundaron los manuscritos científicos en algunos colegios, como el Mayor de San Bartolomé, vinculados a las cátedras de Filosofía Natural, Matemáticas y Astronomía. Por los años centrales del siglo XVI, la confluencia del Derecho, la Teología tomista, las nuevas lógicas y las lenguas clásicas cristalizan en la llamada “Escuela de Salamanca”, significada en la figura de Francisco de Vitoria. Entre sus aportaciones destaca la reflexión práctica sobre ciertos problemas derivados de la expansión europea y colonización y transculturación americana: naturaleza del poder y de la justicia, derechos de la persona y del Estado, comunidad internacional y derecho de gentes, conflictos internacionales y guerra justa. A los cauces oficiales predominantes de transmisión de conocimientos, en las distintas materias, se añaden otras interpretaciones del saber y el magisterio, como el pensamiento teológico y filológico de Fray Luis de León, que otorgan complejidad y riqueza cultural a la Salamanca del Quinientos.

Patio de escuelas y fachada de la Universidad

El plan de estudios carolino de 1771 contenía disposiciones que contribuyeron a la introducción de nuevos enfoques y materias de estudio (derecho real o patrio, materias conciliares, teología positiva, aritmética, geometría, álgebra y física experimental…), si bien tuvieron un éxito limitado. Culminación de la política intervencionista de la Monarquía en la Universidad fue el plan de estudios aprobado para Salamanca en 1807, que se hizo extensivo a todas las universidades de la monarquía; sin embargo, se interrumpió su aplicación por los sucesos de la Guerra de la Independencia. Por otra parte, el modelo organizativo de Salamanca se proyecta a las universidades hispanoamericanas, donde es adaptado a las circunstancias concretas de cada institución.

En el siglo XVI se registrarán las cifras más altas de concurrencia de estudiantes: si a fines del siglo XIV la institución contaba con 500-600 matriculados, a principios del Quinientos eran unos 2.500 los estudiantes que se matriculaban cada año en el Estudio salmantino, para pasar a ser más de 6.500 en los años 80 del siglo XVI. El prestigio de Salamanca atrae hacia sí una confluencia de estudiantes de todo el ámbito peninsular, e incluso europeos e indianos en proporciones superiores a cualquier otra universidad hispana de la época. A partir del siglo XVII asistimos al declinar de la matrícula universitaria, que contaría con unos 2.000 matriculados al promediar el siglo XVIII.

Cédula de excomunión del Papa Pío V (1568), destinado a los ladrones de libros de las bibliotecas universitarias

Durante el período medieval y moderno, las rentas universitarias se fundamentaban, por concesión regia y pontificia, en una participación en el diezmo eclesiástico generado en el obispado salmantino y territorio comprendido en la abadía de Medina del Campo (las tercias). Con estas rentas privilegiadas y otras complementarias, a partir de la acumulación de un importante patrimonio inmobiliario y mobiliario, se financiaban unas 60 cátedras, temporales y vitalicias, agrupadas en cinco facultades oficiales: Cánones,Leyes, Teología, Medicina y Artes-Filosofía, y enseñanzas complementarias de Humanidades, Lenguas, Matemáticas y Música. Finalmente, la construcción de las Escuelas Mayores y Menores, en los siglos XV y XVI, permitía a la Universidad disponer de un espacio propio para impartir sus clases, que sustituirá a las dependencias catedralicias y otros locales, alquilados o cedidos hasta entonces para este fin.

Colegial de la Universidad de Salamanca (comienzos del s. XVIII)

Las reformas liberales del siglo XIX marcarán un antes y un después en la evolución histórica de la Universidad de Salamanca. La ley de instrucción pública del año 1857 (Ley Moyano) encuadró definitivamente a la universidad salmantina y la enseñanza general del país dentro del nuevo régimen liberal y centralista, después de un largo proceso de casi 50 años de proyectos y reformas (como el Plan Pidal de 1845). Tras la Ley Moyano, la Universidad de Salamanca quedó reducida a las facultades de Derecho, Teología (suprimida definitivamente en 1868) y Filosofía y Letras. El papel hegemónico tradicional de la Universidad de Salamanca, como el de las otras “mayores” (Valladolid y Alcalá) pasó a Madrid, distrito central predominante. Las enseñanzas de Medicina y Ciencias serían financiadas, como facultades libres, desde el año 1869 por la Diputación y el Ayuntamiento de Salamanca, hasta el año 1904, en el que, durante el rectorado de Miguel de Unamuno, se consigue su financiación estatal.

En el marco del programa desamortizador de Mendizábal, la ley de 1837 extinguía los diezmos eclesiásticos, que constituían la fuente de financiación fundamental de la Universidad de Salamanca. En adelante, la universidad se financiará a partir de los derechos de matrícula y académicos, así como de las cantidades otorgadas por los presupuestos generales del Estado.

Miguel de Unamuno paseando por el claustro alto del Edificio Histórico

En julio de 1943, en el marco de una nueva ordenación política, se promulga la Ley de Ordenación Universitaria para toda España. Tras las oportunas depuraciones, la Universidad quedó vinculada a las ideologías dominantes del nacional-catolicismo tradicionalista, la Falange y los principios del movimiento. La rigidez administrativa, el control político y la jerarquía constituían la norma. Y en el marco de las aceleradas transformaciones sociales de los años sesenta, la Ley Villar Palasí (1970), concedía cierta autonomía a las universidades en materia de docencia e investigación.

La aprobación y publicación en el año 1983 de la Ley Orgánica de Reforma Universitaria, LRU, ponía punto final a los restos del modelo liberal decimonónico y daba comienzo a una nueva etapa de amplia autonomía universitaria y transformaciones vertiginosas en todos los ámbitos. En este contexto, son aprobados los Estatutos de la Universidad de Salamanca por real decreto de 29 de mayo de 1985 (BOE de 27 de julio), con ciertas reformas del año 1988. Por último, en aplicación de la Ley Orgánica de Universidades, de diciembre de 2001, son aprobados, el 30 de enero de 2003, nuevos Estatutos de la Universidad de Salamanca por el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León (BOCYL de 3 de febrero de 2003).

Interior de la Biblioteca Francisco de Vitoria, dedicada a fondos jurídico-sociales

En relación con la población estudiantil se producen incrementos notables: a mediados de los años ochenta se superan los 20.000 estudiantes, y vuelven a superarse los 30.000 a mediados de los noventa. Como consecuencia de la mayor afluencia estudiantil se realiza una considerable inversión en nuevos espacios y edificios académicos: el ejemplo manifiesto lo constituye el nuevo “Campus Miguel de Unamuno”, desarrollado desde fines de los años ochenta y en paralelo al ámbito tradicional de los entornos del ámbito de Escuelas. Por último, en el año 1995 culminan los acuerdos para la transferencia de competencias, desde el Ministerio de Educación y Ciencia a la Junta de Castilla y León, sobre las cuatro universidades públicas (Salamanca, Valladolid, Burgos y León), correspondiendo a la Comunidad asumir una variedad de funciones gestoras respecto a la Universidad.

Fuente: Centro de Historia Universitaria Alfonso IX

Salamanca Monumental

Hace unos 2.700 años, en la primera Edad del Hierro, un pequeño grupo de agricultores establecidos en  una decena de casas débilmente amuralladas controlaban el paso del río Tormes. Cuatro siglos más tarde, el núcleo inicial constituido en torno al Teso de San Vicente se extendió a la plataforma rocosa actualmente conocida como Teso de las Catedrales.

Toro vacceo de Salamanca, el monumento más antiguo de la ciudad Desde mediados del s. IV a.C. ya se puede hablar de la antigua ciudad celtibérica de Salmantica, protegida por una muralla de piedra de la que aún se conservan algunos fragmentos. El núcleo de población estaba dentro de la zona de influencia de vacceos y vettones. A estos últimos debemos, precisamente, la autoría del toro de piedra ubicado en la entrada del Puente Romano, uno de los iconos que identifican a nuestra ciudad.

En el año 220 a.C., los casi 5.000 habitantes de la Salmantica prerromana asistieron al asalto del general cartaginés Aníbal Barca, acompañado por un exótico escuadrón de cuarenta elefantes. Este acontecimiento, que supuso para la ciudad su entrada en la historia, fue  el anuncio de una no muy lejana conquista romana.

A mediados del s. I a.C., los romanos convirtieron Salmantica en una poblada civitas y un estratégico enclave en el trazado de la Vía de la Plata. Para facilitar el paso por esta calzada, que comunicaba Mérida con Astorga, los ingenieros romanos construyeron un largo puente que aún hoy sigue salvando las aguas del Tormes.

Puente Romano sobre el río Tormes A partir del siglo V, la crisis de Roma y las sucesivas invasiones de los pueblos germánicos significaron para Salamanca el inicio de más de setecientos años de decadencia. Los testimonios arqueológicos hablan de un declive casi absoluto del antiguo núcleo urbano y de una escasa población refugiada en algún arrabal situado en las proximidades del río. Con la llegada de los musulmanes, la crisis se agravó al quedar la ciudad en una tierra de nadie, sometida a continuas incursiones por parte de ambos contendientes: los cristianos fracasaron en sus intentos repobladores, pero los árabes apenas completaron algunas incursiones del caudillo cordobés Almanzor.

A finales del siglo XI, el conde francés Raimundo de Borgoña repobló Salamanca con un nutrido grupo de gentes, entre las que predominaban francos y gallegos. Se restauró la sede episcopal en el año 1102 y los distintos grupos de pobladores se fueron distribuyendo alrededor de unas cuarenta parroquias, comenzó a levantarse la catedral románica y se reconstruyó la antigua muralla celtibérica y romana.

El siglo XIII aportó muchas novedades, algunas fundamentales, para el devenir histórico de Salamanca. Además de los Fueros otorgados por el rey Alfonso IX de León, que atrajeron a nuevos inmigrantes, la ciudad vio ampliar su perímetro amurallado y, sobre todo, asistió, en 1218, a la fundación de los Estudios Generales, origen de su futura Universidad.

Casa de las Conchas Tras la crisis del siglo XIV, compartida por buena parte del continente europeo, y un conflictivo siglo XV, marcado por los enfrentamientos feudales de la guerra de los Bandos, Salamanca entró en el siglo XVI decidida a convertirse en la más importante ciudad renacentista de toda la península Ibérica. La prosperidad social y económica, fundada en el comercio, las rentas latifundistas y la actividad lanera propiciada por la Mesta, hizo aumentar la población hasta los 25.000 habitantes. Se erigió una gran cantidad de palacios, casonas, conventos, colegios y escuelas universitarias en los que predominaba un característico y autóctono estilo arquitectónico: el Plateresco. Salamanca asistió a una verdadera fiebre constructiva, incluidas las obras de la Catedral Nueva, que transformó completamente su fisonomía urbana.

También la Universidad alcanzo una de sus épocas de mayor esplendor, cristalizando en un poderoso y decisivo centro de irradiación cultural, que a su vez atraía a miles de estudiantes de todas las procedencias, y a numerosas órdenes religiosas que buscaban el amparo intelectual y humanista de la prestigiosa institución docente. La época dorada se alargó, al menos en el campo cultural, hasta bien entrado el siglo XVII, coincidiendo con lo que se ha venido a denominar el Siglo de Oro de las letras españolas. No sería difícil cruzarse en cualquier calle salmantina de la época con escritores, músicos, filósofos y humanistas tan universales como Francisco de Vitoria, Fray Luis de León, Francisco de Salinas, Miguel de Cervantes, San Juan de La Cruz, Santa Teresa de Jesús, Luis de Góngora, Mateo Alemán, Vicente Espinel, Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca o Lope de Vega, por solo citar a algunos.

Perspectiva del cimborrio de la Catedral Vieja desde la Torre Mocha Este prodigioso estallido social, económico y cultural se fue diluyendo en otra crisis general que propició un fuerte descenso demográfico y una evidente transformación social. A pesar de la prolongada decadencia, se llegaron a construir algunos edificios barrocos que, como las monumentales Clerecía y Plaza Mayor, han marcado para siempre el perfil urbano de Salamanca.

El negativo impacto de la guerra de la Independencia y la lucha contra las tropas napoleónicas (1808-1814) solo remontó con la revitalización económica que supuso la llegada del ferrocarril y la puesta en marcha de algunos proyectos de renovación urbanística. Este lento resurgimiento de la sociedad coincidió, no obstante, con la decadencia de la Universidad, golpeada por la centralización de la enseñanza superior en torno a Madrid, y que tuvo en el Rector Miguel de Unamuno un eficaz revulsivo.

Plaza y Palacio de Anaya La Guerra Civil de 1936-1939 significó un nuevo paréntesis en el que Salamanca fue breve sede del cuartel general de las tropas franquistas sublevadas contra la República. Tras el conflicto, y después de una prolongada posguerra, la Universidad volvió a ejercer, una vez más, el papel del mejor catalizador de la vida ciudadana.

La llegada de la democracia trajo a Salamanca, al igual que al resto de España, un largo  periodo de vertebración social y de prosperidad económica, transformándola en un auténtico emporio universitario, cultural y turístico. En 1988, la ciudad del Tormes alcanzó el reconocimiento internacional por parte de la Unesco con su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Fuente: Ayuntamiento de Salamanca

Salamanca: la ciudad

Crónica de una ciudad histórica

Patio de Escuelas y fachada de la Universidad de Salamanca A lo largo de los siglos, las referencias de todo tipo de autores a la ciudad de Salamanca no han sido escasas. Esa abundancia del nombre de Salamanca en textos de toda índole ha estado motivada, fundamentalmente, por su Universidad y las situaciones derivadas de ella. La monumentalidad de la urbe fue fruto de su condición y, por tanto, la permanente atracción que han ejercido esos edificios también tiene su origen en el carácter universitario salmantino. En su casco antiguo conviven la solidez de la ingeniería romana con vestigios de la cultura árabe; el arte románico de los repobladores con el gótico, el renacimiento y el barroco, estilos que otorgaron a la ciudad la fisonomía del “alto soto de torres” del que, ya en tiempos relativamente recientes, habló el Rector Miguel de Unamuno.

Su majestuosidad y el legado artístico y cultural cedido durante siglos hicieron que Salamanca fuera declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1988 y Ciudad Europea de la Cultura en 2002. En 2003, su Semana Santa fue declarada de Interés Turístico Internacional. En 2005 acogió la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrando desde ese mismo año, y cada año, el Festival Internacional de las Artes de Castilla y León.

Las dos Catedrales y el Puente Romano sobre el Tormes Situada al Suroeste de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, a poco más de 200 Km al Noroeste de Madrid, Salamanca se eleva 800 m sobre el nivel del mar sobre tres colinas a orillas del río Tormes. Capital de la homónima provincia, destaca por el tono dorado característico de la piedra utilizada, la piedra de Villamayor, que permite realizar finas filigranas y que, por su alto contenido en hierro, se oxida al aire, plasmando así su color característico. Su morfología urbana mantiene en gran parte la red viaria medieval. El municipio apenas alcanza los 150.000 habitantes, pero su conurbación casi duplica esa cifra.

Convento de San Esteban (Dominicos) Ya es sabido: Salamanca destaca principalmente por su Universidad, cuyo Edificio Histórico fue iniciado en 1411, casi doscientos años después de que Alfonso IX de León fundara el Viejo Estudio, y al que se añadió en 1529 su célebre fachada plateresca. Pero el caminante pecaría gravemente si ignorara su Puente Romano, del siglo I d.C., acompañado del antiquísimo toro vacceo del s. V a.C., sobre el que el Lazarillo de Tormes fue descalabrado por el ciego; o sus dos Catedrales: la Vieja, iniciada románica en 1140, y la Nueva, cuyas obras comenzaron en 1513 y se prolongaron hasta 1733. Ineludible es también la visita a la Casa de las Conchas, concluida en 1517 a instancia de Rodrigo Maldonado, que fue durante un tiempo cárcel de la Universidad y hoy aloja una Biblioteca Pública del Estado; o el espectacular convento de San Esteban, cuyo actual edificio, terminado en 1610, constituye el lugar donde hoy reposan los restos de los dominicos Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Pedro de Sotomayor o Bartolomé de Medina, algunos de los cuales dieron forma a la Escuela de Salamanca, origen del actual Derecho Internacional. Frente a la influencia de la Orden de Predicadores, y bajo la protección de Margarita de Austria, esposa del Rey Felipe III, en 1754 fue concluida la espectacular iglesia barroca de la Compañía de Jesús, más conocida como Clerecía.

Vista nocturna de la Plaza Mayor de Salamanca Pero la sala de máquinas de Salamanca es su Plaza Mayor, no tan antigua como muchos creen, de la que recientemente hemos celebrado el 250 aniversario de su plena factura, en 1755. Su primer arquitecto fue Alberto Churriguera, sustituido a su muerte por Andrés García de Quiñones. Es considerada por muchos una de las plazas más hermosas del mundo. Aunque lo parezca, no es un cuadrado perfecto; ninguna de sus cuatro fachadas mide lo mismo. Sin contar sus soportales, ocupa una superficie de unos 6.400 m2, limitados por 88 arcos de medio punto con medallones de personajes históricos españoles representados en sus albanegas. La Plaza Mayor es el ágora de la ciudad, el mentidero en el que sus habitantes comparten su existencia. En ella se encuentran innumerables bares y terrazas, además de la cafetería más antigua de la ciudad, el centenario Novelty (que en Salamanca pronunciamos cargando el acento en la "e"), punto de encuentro habitual de los literatos y artistas que por sus mesas han pasado desde su inauguración, en 1905.

Cafe Novelty. En primer plano, estatua sentada del escritor Gonzalo Torrente Ballester La villa enamora por el carácter tranquilo de sus gentes y por el ambiente misterioso que se respira en cada una de sus calles.

La influencia universitaria ha permitido que en Salamanca coincidan importantes instituciones científicas y centros de investigación, como el Centro de Investigación del Cáncer, el Instituto de Neurociencias de Castilla y León, el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico del Agua, el Centro de Láseres Pulsados Ultracortos Ultraintensos o el Centro de Referencia Estatal sobre el Alzheimer. Además, en la actualidad, está considerada como el gran referente mundial en la enseñanza del castellano.

Pasea por la ciudad con esta audioguía

Audioguía del Ayuntamiento de Salamanca Salamanca es relativamente pequeña, a la medida del ser humano, pero a lo largo y ancho de su viejo callejero atesora un bagaje histórico y cultural excepcional, reconocido por la UNESCO en 1988 al otorgarle la condición de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Sea invierno o verano, un simple paseo se convierte en una experiencia única, y quienes lo hacen dan fe del apelativo con el que es mundialmente conocida: "Roma la Chica".

Porque queremos que así sea, a continuación se ofrece la colección de archivos de sonido que el Ayuntamiento de la Capital ha preparado para sus ilustres visitantes, y a la que también se puede acceder desde su página web http://www.audioguiasalamanca.es, de libre acceso. Quienes lo deseen, pueden descargarlos en su smartphone, tablet o reproductor de mp3 para disfrutar de un guía turístico personal que introduce en la leyenda al pasajero, contando al oído los mil y un detalles que nos esperan a la vuelta de cada esquina:

01 - Introducción.

02 - La Plaza Mayor.

03 - La Casa de las Conchas.

04 - Interior de la Casa de las Conchas.

05 - La Clerecía.

06 - La Universidad.

07 - El Aula de Fray Luis de León.

08 - El Paraninfo de la Universidad.

09 - La Escalera de la Universidad.

10 - ¿Dónde está la rana?

11 - El Patio de Escuelas Menores.

12 - El Palacio de Anaya.

13 - La fachada de la Catedral Nueva.

14 - Interior de la Catedral Nueva.

15 - Interior de la Catedral Vieja.

16 - El Crucero.

17 - El Puente Romano.

18 - Historia y tradición del Lunes de Aguas.

19 - La Casa Lis.

20 - Interior de la Casa Lis.

21 - El Patio Chico.

22 - El Huerto de Calixto y Melibea.

23 - La Cueva de Salamanca.

24 - El Convento de San Esteban.

25 - Palacio de La Salina.